“Dar gracias puede ser algo poderoso. Si usted puede cultivar un corazón agradecido, resolverá muchos de sus problemas”
Jhon MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 42
¡Por
cuantas cosas no deberíamos dar gracias a Dios! por el solo hecho de habernos
dado un díamás de vida bastaría para mostrar una grande gratitud para con El. En
algunos momentos llegamos a sentirnos inconformes con lo que el Señor nos ha
dado: trabajo, familia, dinero, autos, físico, etc., cuan agradecidos deberíamos ser, ya que ni siquiera las
bendiciones que nos da nos las merecemos, ¡muchas gracias debemos dar por un
Dios tan misericordioso!
Cuando se pasa por la dificultad ¿Debemos
agradecer? ¡Claro que sí!, pues Jehová es quien tiene el control de todo, y la
finalidad de esa dificultad será de bendición para nosotros, o a veces para terceras
personas; cuan sabio es nuestro Dios. El Rey David veía como su hijo Absalon queria arrebatarle el trono, pero al final vio lo bueno que Dios habia hecho en su vida. Estas son maneras en las que podemos comparar las cosas "malas" que nos sucede con las buenas que Dios nos regala, y ver que debemos dar gracias a Dios con todo nuestro corazón.
Al
contrario, busquemos en cada momento agradecer por las bendiciones derramadas
sobre nosotros: la vida, la salud, la familia, la salvación ¡oh Gracias a Dios
por su don inefable! (2 Corintios 9. 15) En ocasiones nos privamos de dar acción
de gracias en nuestra iglesia, por vergüenza, cuando más que pena nos debería dar
alegría por todo lo que nuestro Padre nos ha dado. ¿Estamos agradecidos con
Dios por lo que tenemos actualmente? ¿Damos gracias a Dios en medio de la tribulación,
o le reclamamos? * Versiculos donde se nos muestra por lo que debemos estar agradecidos: Salmo 30. 4, 106. 1; Daniel 2. 23; Romanos 1. 8, 6. 17, 7. 23 - 25; 1 Corintios 1. 4, 15. 57; 2 Corintios 2. 14, 8. 16, 9. 15; 1 Tesalonicenses 2. 13; 2 Tesalonicenses 1. 3 y Apocalipsis 11. 17
“Usted no va a tener paz si hay pecado en su vida. Pero cuando su vida está limpia de pecado y está caminando en el Espíritu, usted tendrá paz"
Jhon MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 41
Las demás personas no pueden conocer nuestros pensamientos, pero Dios si, y el saber esto nos hace sentirnos preocupados, pues estaremos esperando la consecuencia, por lo tanto no tendremos paz ni tranquilidad. En cambio la paz es algo que nos mantiene con nuestra vida tranquila. Nuestro Padre quiere que todos sus hijos tengan paz (Sal. 85. 8) y no que estemos atormentados por nuestros pensamientos de culpabilidad; el nos quiere ver tranquilos (Fil. 4. 7). Como seres humanos, tendemos a ser egoístas envidiosos, conflictivos y muchos otros términos que son el contrario a lo que describiría a ser pacificador; en ocasiones aun siendo creyentes nos enojamos por situaciones que quizá no eran "tan" importantes, y la paz ¿dónde
quedo?, un típico ejemplo que la mayoría de las personas pone es en – un domingo
de culto, antes de ir a la iglesia la esposa se enoja con su esposo y comienzan
las discusiones, las malas caras y contestaciones secas – sí, no, no sé, bueno –
cuando van en camino el ambiente se
siente tenso – pues nadie dice ni una palabra - el auto que va delante va a velocidad
normal y para el esposo es un caracol, llegan al templo y en la Escuela
Dominical sienten que el maestro está hablando de ellos, al mismo tiempo la
esposa piensa en que su marido debe disculparse y el esposo piensa igual de
ella; y volvemos a lo mismo y la paz ¿Dónde quedo? Es un día en el cual
debieran ir con gozo al templo, pero no ha sido así ni gozoso ni con paz, pues
tienen un conflicto.
Es tan fácil, dejar que el enemigo nos
robe nuestra paz; además de Satanás y las huestes, nuestra mente es también
nuestra enemiga; el Espíritu Santo nos redarguye de nuestros pecados, si Dios
no quisiera tuviéramos paz, entonces parte de la obra del E. S. seria en vano.
En nuestra iglesia tratamos de cultivar
una actitud de paz, de descanso y confianza en Dios. No hay razón para dejarse
perturbar. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos” y que permitamos que la paz
de Dios reine en nuestros corazones (Fil. 4. 6 – 7). Todos experimentamos
pruebas que nos causan ansiedad. No vivimos en perfecta paz, pero, no obstante,
tenemos que tener una actitud de paz.
En el Sermón del Monte dicho por nuestro Señor
Jesucristo (Mateo 5. 9) se nos dice que “Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de Dios”,
aquel que ya es salvo debe de compartir el amor de Dios, la paz de
nuestro Dios (ambos fruto del espíritu –
Gal. 5. 22); tenemos privilegio de tener esa paz, la cual no todos gozan. ¿Gozamos de esa paz interior?¿Podemos recordar un momento en el cual hayamos ofendido a
alguien por nuestro enojo? Si en alguna ocasión lo hicimos, como
hijos de Dios lo correcto e ideal es pedir disculpas, aunque a veces ni le
toman importancia pero de esta manera estaremos en paz.
“Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo." "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !Regocijaos!" Salmo 100. 2 y Filipenses 4. 4
Desde
que somos salvos, tenemos el privilegio de estar gozosos por ese regalo
inmerecido que nuestro Dios nos ha dado; con el simple hecho de tener la promesa
de vivir en una vida eterna, “deberíamos” sentirnos plenamente alegres; con
esto nos debería bastar. Pero nuestro Padre es tan maravilloso, misericordioso
y amoroso para con nosotros, que nos permite sentir esa alegría en nuestra vida
al servirle en su obra; dicho servicio debe estar acompañado siempre de gozo que se trasmita a los demás hermanos y que las personas inconversas
puedan ver y preguntarse: ¿Qué le sucede a ese hombre (o mujer), porque se ve tan
contento (a)? Y dar una sencilla respuesta: ¡Porque
Cristo vive en mí, y me salvo! (1 Pedro 1. 18)
Todo creyente debió de haber sentido ese
gozo al principio; algunos quizá lo hayan perdido y otros estén alimentándolo día a día en oración,
conociendo las escrituras (Neh. 8. 12; Jer. 15. 16) y conviviendo con los demás
cristianos (Fil. 2. 2). Dios es consciente de la tribulación que se siente
durante las pruebas, pero es El también quien nos da la fe para salir adelante
y aun así sentirnos gozosos en medio de la tempestad (Jn. 16. 20) aunque en
ocasiones ese gozo se ve opacado por la amargura, la cual nos obstaculiza para
realizar nuestro ministerios adecuadamente, y las relaciones con nuestros
familiares e iglesia se ven afectadas; ¡Recuerda! Jesús está ahí para animarnos y
extendernos su mano cuando le necesitemos, nosotros debemos confiar en Él; y cada
vez que estemos en dificultades traigamos a nuestro corazón ese gozo que sentimos aquel
día tan hermoso en que Cristo nos salvó.
¿Recordamos ese gozo cuando fuimos salvos? y ¿Seguimos sirviendo a Dios con ese gozo fervoroso como al principio? Ten en tu
memoria que es Cristo quien te sustenta, y ha prometido gozo para los rectos de
corazón(Sal. 97. 11)
“Usted si quiere puede sentarse y decir: <<No sé si quiero
involucrarme en eso; no sé si quiero trabajar con esas personas>>, o
puede levantarse y ponerse a trabajar.”
Jhon MacArthur “El plan
del Señor para la iglesia” p. 41
Si nuestra iglesia es grande o chica, y
los miembros se encuentran activos sirviendo en ministerios ¡que bendición! sin
duda, en algún lugar de la tierra habrá congregaciones en donde todos sus
miembros están a la orden del día para servir en la obra de Dios. Pero
lamentablemente existe la contra parte donde las congregaciones cuentan con una
cantidad de miembros, de los cuales menos de la mitad son los que ministran en
la congregación y fuera de ella – por lo regular esto suele pasar en iglesias
grandes -, pueden existir diferentes opiniones por las cuales no participen en
un ministerio: <<no me han invitado
a ningún ministerio>> <<yo no sé hacerlo>> <<no me
siento espiritualmente bien>> .
No puede haber una excusa para servir en
la obra de la iglesia; si no se está capacitado, solo es cuestión de pedir
ayuda a Dios primeramente y a un hermano que pueda enseñarnos, aunque se tenga
alguna discapacidad motriz puede apoyar con oración; recordemos que el Espíritu
Santo nos ha capacitado con ciertos dones, de los cuales al menos uno se nos ha
regalado para servir al cuerpo de Cristo; de acuerdo al Apóstol Pablo en Romanos 12. 6 – 8 y 1 Corintios 12. 4 – 11se
mencionan algunos dones que Dios nos ha regalado: Profecía (predicación), servicio, enseñanza, exhortación, repartir,
presidir, hacer misericordia, entre otros (véase en los pasajes bíblicos).
Y aun cada uno de estos tiene una variedad de formas para realizarse, por
ejemplo: ¿Cómo pudiéramos ministrar con
el don de misericordia? Tan sencillamente como lo sería visitar a los
enfermos, hacer una colecta de latas o comida no perecedera e ir a dársela a
una familia necesitada, visitar orfanatos y asilos, sin olvidar jamás el compartir
de la Palabra de vida, de esta forma podemos servir.
Pero hay algo que el creyente debe tener
en cuenta y con el cual también tener cuidado, y es el de <<vanagloriarse>> que quizá por algún don el hermano(a) “sobresalga” más que los demás, pero
ante Dios, esa disposición es por igual que aquel que sirve con su don de <<servicio>>. ¡Cuidado con
esto! debemos procurar ser humildes. Pablo utilizo una palabra y acción que pone
como ejemplo de humildad - existe una palabra griega <<huperetes>> “el remero de abajo” –.
“En aquellos tiempos,
cuando los barcos de madera de tres órdenes de remos llamados trirremes eran
impulsados por remeros esclavos encadenados a las bancas en el casco. Los
remeros en el piso inferior eran conocidos como “remeros de abajo”
Jhon
MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 38
Al igual que Pablo y sus colaboradores, quienes
buscaban compartir la enseñanza de
nuestro Cristo y aun así no ser exaltados, procuraban la humildad y “remaban
en la parte inferior del barco” ¿Estas tu haciendo lo mismo? ¿Estas sirviendo en tu iglesia
como un “remero de abajo”? o ¿Eres solo espectador en tu iglesia?