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jueves, 5 de septiembre de 2013

---> Gratitud (Demos gracias al Señor)

“Dar gracias puede ser algo poderoso. Si usted puede cultivar un corazón agradecido, resolverá muchos de sus problemas”
 Jhon MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 42



¡Por cuantas cosas no deberíamos dar gracias a Dios! por el solo hecho de habernos dado un día más de vida bastaría para mostrar una grande gratitud para con El. En algunos momentos llegamos a sentirnos inconformes con lo que el Señor nos ha dado: trabajo, familia, dinero, autos, físico, etc., cuan agradecidos deberíamos ser, ya que ni siquiera las bendiciones que nos da nos las merecemos, ¡muchas gracias debemos dar por un Dios tan misericordioso!

     Cuando se pasa por la dificultad ¿Debemos agradecer? ¡Claro que sí!, pues Jehová es quien tiene el control de todo, y la finalidad de esa dificultad será de bendición para nosotros, o a veces para terceras personas; cuan sabio es nuestro Dios.      El Rey David veía como su hijo Absalon queria arrebatarle el trono, pero al final vio lo bueno que Dios habia hecho en su vida. Estas son maneras en las que podemos comparar las cosas "malas" que nos sucede con las buenas que Dios nos regala, y ver que debemos dar gracias a Dios con todo nuestro corazón.

     

     Al contrario, busquemos en cada momento agradecer por las bendiciones derramadas sobre nosotros: la vida, la salud, la familia, la salvación ¡oh Gracias a Dios por su don inefable! (2 Corintios 9. 15) En ocasiones nos privamos de dar acción de gracias en nuestra iglesia, por vergüenza, cuando más que pena nos debería dar alegría por todo lo que nuestro Padre nos ha dado. ¿Estamos agradecidos con Dios por lo que tenemos actualmente? ¿Damos gracias a Dios en medio de la tribulación, o le reclamamos? 

* Versiculos donde se nos muestra por lo que debemos estar agradecidos:
Salmo 30. 4, 106. 1; Daniel 2. 23; Romanos 1. 8, 6. 17, 7. 23 - 25; 1 Corintios 1. 4, 15. 57; 2 Corintios 2. 14, 8. 16, 9. 15; 1 Tesalonicenses 2. 13; 2 Tesalonicenses 1. 3 y Apocalipsis 11. 17

---> Paz

“Usted no va a tener paz si hay pecado en su vida. Pero cuando su vida está limpia de pecado y está caminando en el Espíritu, usted tendrá paz" 
Jhon MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 41
               
              

   Las demás personas no pueden conocer nuestros pensamientos, pero Dios si, y el saber esto nos hace sentirnos preocupados, pues estaremos esperando la consecuencia, por lo tanto no tendremos paz ni tranquilidad. En cambio la paz es algo que nos mantiene con nuestra vida tranquila. Nuestro Padre quiere que todos sus hijos tengan paz (Sal. 85. 8) y no que estemos atormentados por nuestros pensamientos de culpabilidad; el nos quiere ver tranquilos (Fil. 4. 7).

     Como seres humanos, tendemos a ser egoístas  envidiosos, conflictivos y muchos otros términos que son el contrario a lo que describiría a ser pacificador; en ocasiones aun siendo creyentes nos enojamos por situaciones que quizá no eran "tan" importantes, y la paz ¿dónde quedo?, un típico ejemplo que la mayoría de las personas pone es en – un domingo de culto, antes de ir a la iglesia la esposa se enoja con su esposo y comienzan las discusiones, las malas caras y contestaciones secas – sí, no, no sé, bueno – cuando van  en camino el ambiente se siente tenso – pues nadie dice ni una palabra - el auto que va delante va a velocidad normal y para el esposo es un caracol, llegan al templo y en la Escuela Dominical sienten que el maestro está hablando de ellos, al mismo tiempo la esposa piensa en que su marido debe disculparse y el esposo piensa igual de ella; y volvemos a lo mismo y la paz ¿Dónde quedo? Es un día en el cual debieran ir con gozo al templo, pero no ha sido así ni gozoso ni con paz, pues tienen un conflicto.



     Es tan fácil, dejar que el enemigo nos robe nuestra paz; además de Satanás y las huestes, nuestra mente es también nuestra enemiga; el Espíritu Santo nos redarguye de nuestros pecados, si Dios no quisiera tuviéramos paz, entonces parte de la obra del E. S. seria en vano.
     En nuestra iglesia tratamos de cultivar una actitud de paz, de descanso y confianza en Dios. No hay razón para dejarse perturbar. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos” y que permitamos que la paz de Dios reine en nuestros corazones (Fil. 4. 6 – 7). Todos experimentamos pruebas que nos causan ansiedad. No vivimos en perfecta paz, pero, no obstante, tenemos que tener una actitud de paz.

     En el Sermón del Monte dicho por nuestro Señor Jesucristo (Mateo 5. 9) se nos dice que “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”,  aquel que ya es salvo debe de compartir el amor de Dios, la paz de nuestro Dios (ambos fruto del  espíritu – Gal. 5. 22); tenemos privilegio de tener esa paz, la cual no todos gozan. ¿Gozamos de esa paz interior? ¿Podemos recordar un momento en el cual hayamos ofendido a alguien por nuestro enojo? Si en alguna ocasión lo hicimos, como hijos de Dios lo correcto e ideal es pedir disculpas, aunque a veces ni le toman importancia pero de esta manera estaremos en paz.

---> Gozo

“Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo." 
"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !Regocijaos!" 
Salmo 100. 2 y Filipenses 4. 4               
                                                                                                      

     Desde que somos salvos, tenemos el privilegio de estar gozosos por ese regalo inmerecido que nuestro Dios nos ha dado; con el simple hecho de tener la promesa de vivir en una vida eterna, “deberíamos” sentirnos plenamente alegres; con esto nos debería bastar. Pero nuestro Padre es tan maravilloso, misericordioso y amoroso para con nosotros, que nos permite sentir esa alegría en nuestra vida al servirle en su obra; dicho servicio debe estar acompañado siempre de gozo que se trasmita a los demás hermanos y que las personas inconversas puedan ver y preguntarse: ¿Qué le sucede a ese hombre (o mujer), porque se ve tan contento (a)?  Y dar una sencilla respuesta: ¡Porque Cristo vive en mí, y me salvo! (1 Pedro 1. 18)


     Todo creyente debió de haber sentido ese gozo al principio; algunos quizá lo hayan perdido y otros estén alimentándolo día a día en oración, conociendo las escrituras (Neh. 8. 12; Jer. 15. 16) y conviviendo con los demás cristianos (Fil. 2. 2). Dios es consciente de la tribulación que se siente durante las pruebas, pero es El también quien nos da la fe para salir adelante y aun así sentirnos gozosos en medio de la tempestad (Jn. 16. 20) aunque en ocasiones ese gozo se ve opacado por la amargura, la cual nos obstaculiza para realizar nuestro ministerios adecuadamente, y las relaciones con nuestros familiares e iglesia se ven afectadas; ¡Recuerda! Jesús está ahí para animarnos y extendernos su mano cuando le necesitemos, nosotros debemos confiar en Él; y cada vez que estemos en dificultades traigamos a nuestro corazón ese gozo que sentimos aquel día tan hermoso en que Cristo nos salvó.


¿Recordamos ese gozo cuando fuimos salvos? y ¿Seguimos sirviendo a Dios con ese gozo fervoroso como al principio? Ten en tu memoria que es Cristo quien te sustenta, y ha prometido gozo para los rectos de corazón (Sal. 97. 11) 



---> Disposición para servir.

“Usted si quiere puede sentarse y decir: <<No sé si quiero involucrarme en eso; no sé si quiero trabajar con esas personas>>, o puede levantarse y ponerse a trabajar.”
Jhon MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 41
               
                                                                                                      
     Si nuestra iglesia es grande o chica, y los miembros se encuentran activos sirviendo en ministerios ¡que bendición! sin duda, en algún lugar de la tierra habrá congregaciones en donde todos sus miembros están a la orden del día para servir en la obra de Dios. Pero lamentablemente existe la contra parte  donde las congregaciones cuentan con una cantidad de miembros, de los cuales menos de la mitad son los que ministran en la congregación y fuera de ella – por lo regular esto suele pasar en iglesias grandes -, pueden existir diferentes opiniones por las cuales no participen en un ministerio: <<no me han invitado a ningún ministerio>> <<yo no sé hacerlo>> <<no me siento espiritualmente bien>> .

     No puede haber una excusa para servir en la obra de la iglesia; si no se está capacitado, solo es cuestión de pedir ayuda a Dios primeramente y a un hermano que pueda enseñarnos, aunque se tenga alguna discapacidad motriz puede apoyar con oración; recordemos que el Espíritu Santo nos ha capacitado con ciertos dones, de los cuales al menos uno se nos ha regalado para servir al cuerpo de Cristo; de acuerdo al Apóstol Pablo en Romanos 12. 6 – 8 y 1 Corintios 12. 4 – 11 se mencionan algunos dones que Dios nos ha regalado: Profecía (predicación), servicio, enseñanza, exhortación, repartir, presidir, hacer misericordia, entre otros (véase en los pasajes bíblicos). Y aun cada uno de estos tiene una variedad de formas para realizarse, por ejemplo: ¿Cómo pudiéramos ministrar con el don de misericordia? Tan sencillamente como lo sería visitar a los enfermos, hacer una colecta de latas o comida no perecedera e ir a dársela a una familia necesitada, visitar orfanatos y asilos, sin olvidar jamás el compartir de la Palabra de vida, de esta forma podemos servir.

     Pero hay algo que el creyente debe tener en cuenta y con el cual también tener cuidado, y es el de <<vanagloriarse>> que quizá  por algún don el hermano(a) “sobresalga” más que los demás, pero ante Dios, esa disposición es por igual que aquel que sirve con su don de <<servicio>>. ¡Cuidado con esto! debemos procurar ser humildes. Pablo utilizo una palabra y acción que pone como ejemplo de humildad - existe una palabra griega <<huperetes>> “el remero de abajo” –.

“En aquellos tiempos, cuando los barcos de madera de tres órdenes de remos llamados trirremes eran impulsados por remeros esclavos encadenados a las bancas en el casco. Los remeros en el piso inferior eran conocidos como “remeros de abajo”
                                                                 Jhon MacArthur “El plan del Señor para la iglesia” p. 38


    Al igual que Pablo y sus colaboradores, quienes buscaban compartir la enseñanza de  nuestro Cristo y aun así no ser exaltados, procuraban la humildad y “remaban en la parte inferior del barco” ¿Estas tu haciendo lo mismo? ¿Estas sirviendo en tu iglesia como un “remero de abajo”? o ¿Eres solo espectador en tu iglesia?

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     Sketch
      "El verdadero servicio a Dios"